martes, enero 17, 2006
No leer esto 8(
Hoydía vi a Jesús en la calle y me cerró un ojo
No viene ningún auto pero prefiero esperar la luz verde. No quiero cruzar apurada imaginándome que un colectivo me va atropellar. En las mañanas camino lento, me gusta. Luz verde. Cruzo la calle y mi mirada se desvía a mi izquierda y empiezo a caminar aún más lento de lo normal. Todo parece estar en cámara lenta. Otras veces también me ha pasado. Todo a mi alrededor parece ir segundos más rápido, o quizás yo voy segundos más atrasada en el ritmo establecido. Es un abuelo de como 60, 70 años. Lleva un vestido de mujer de hilo café claro que le llega hasta las rodillas. Sus zapatos están destrozados. Abajo del vestido lleva una polera blanca pero muy sucia. Lleva una corona grande con flores o ramas en su cabeza, no alcanzo a ver muy bien lo que son, pero es una corona grande.Camina mirando el suelo. Ya estoy al otro lado de la calle. Quedo como a tres metros de él y me detengo a mirarlo pero él no se da cuenta. La gente que pasa por su lado ni siquiera lo mira. Parece no exisitir, soy la única que lo ve. Camina lento y se pone de cuclillas apoyado en un poste. Se agarra la cabeza con una mano y cierra sus ojos. Parece cansado. Nadie lo mira, sólo yo. Sigo caminando, pero las ganas de saber si sigue ahí me la ganan. Me doy vuelta y él sigue ahí. Todos pasan a su lado y no lo miran. De pronto levanta la cabeza y me cierra el ojo. Yo me quedo helada y mi mente empieza a trabajar. Quizás es Jesús que se vino a dar una vuelta al infierno. Vino a ver cómo lo estábamos haciendo y de sólo darse cuenta de la media cagá que estaba quedando se enevejeció de un segundo a otro. De sus eternos 33 años, pasó a tener setenta. Le empezó a doler la cabeza, se empezó a sentir mal, la corona le empezó a pesar más. No sabía que hacer, estaba tan lleno de desilusión, de miedo, de sorpresa, de pena, que tuvo que parar, sentarse, tomar un poco de aire y sobarse la sien. A mí me cerró el ojo. A mí. Me cerró el ojo para tratar de decirme que no todo estaba tan mal, que su cansancio y mareo eran sólo la impresión y el cansancio del viaje. Que si yo quería este mundo de mierda no tenía que ser tan malo. Que el viejo verde que vería más tarde ofreciéndole diez lucas a una pendeja para que se lo chupara iba a tener su merecido, que el hombre que hablaba solo tirado en la calle y a quien le di mi cigarro unas horas más tarde iba a tener una oportunidad, que el perro desnutrido que ya no le quedaba ni cola iba a encontrarse con una abuelita que se compadeciera de él y se lo llevaría a la casa, que las minas de mi edad que barren la plaza iban a poder estudiar computación o hacer un curso de secretaria en unos años más... Quizás todas las weás que vi hoydía, mañana no las voy a ver. Jesús me cerró el ojo. Quizás era su forma de darme las gracias de haberlo mirado y haber conectado con él por unos minutos, y no me hice la weona cuando lo ví. No soy católica, a la mierda con eso, pero creo que hay veces que alguien se te aparece en la vida que te hace pensar que no todo es malo. A mí se me apareció Jesús hoydía, quizás a ti se te aparezca mañana. No te hagas el weón, puede que a tí te de la mano.
Posteado por numb @ 1/17/2006 08:47:00 p. m.
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